Campo electromagnético

Siempre se me aparecen recuerdos y memorias en la cabeza, pero algunas me molestan. En particular, hay una persona que se aparece en mis pensamientos. Qué acaso se cree que esto es un hotel? Viene, aparece, se queda un rato a la mañana y se va. Después vuelve a la noche. 

A veces hay temporadas en que se va y hace la suya. Ahí puedo descansar. 

Con otros recuerdos no me pasa. No me molesta que apareszcan en mi memoria otras personas. Supongo que no me generan emociones negativas. ¿Será eso? 

Me acuerdo cuando era una persona y no un recuerdo la que aparecía de la nada. Me molestaba. No sé porqué. Cuando una amiga aparece después de diez mil años, no me enoja, me pone contenta. Incluso si el que aparece es un chabón. Un guachito. Aparece, ya. Me da risa, ponele. 

Acá al lado está mi hijo. Me acaba de preguntar qué me pasa. Y me dice que mientras escribo estas palabras, me ve cara de enojada. 

Entonces, entiendo yo, que aún tengo algo que perdonar. 

Estoy considerablemente enojada.

¿Porqué? 

Voy a probar escribirle una cara. 

¿Porqué estoy enojada con vos? ¿Qué tengo que perdonarte para sanar? Entre paréntesis, me la paso repitiendo que lo perdono. 

Retomo. 

Me molesta sobremanera que seas tan cagón. Que hayas venido a Argentina y no me hayas hablado ni hayas intentando verme. Pero sin embargo te juntaste con mis amigas. Que está bien, son tus amigas también, ponele. Según vos, te quieren más a vos que a mi. No me molesta. No me junto con las personas en base a cuánto me quieren o me demuestran. Simplemente, si siento conexión, me mantengo cercan, me mantengo informada de sus vidas y ya. 

Pero viniste hasta acá. Viajaste kilómetros, estuviste a metros de mi casa y no me viniste a ver. No me hablaste para coordinar nada. ¿Ni siquiera te planteaste tomarte un café conmigo media hora de tu vida?

Pero meses después seguís apareciendo en mis recuerdos. Y yo sé, que no soy yo recordándote adrede, no estoy manifestándote, sos vos apareciendo intencionalmente. Interfiriendo en mi campo electromagnético simplemente para romper las pelotas. 

Pero soy una persona estoica. Me voy a mantener alejada hasta que te olvides de mí, o aparezcas por acá. Aunque sea a romper las pelotas, en persona. 

Fin de la carta. 

También hay que tener en cuenta, que muchas personas tienen miedos, o a veces prioridades imposibles de aplazar, perdono tus miedos. Perdono tus dificultades. Perdono tus dudas porque no dicen nada de mí. No hablan de que yo no sea suficiente, de que no merezca que vengas a tomar un café conmigo. Si acaso fue adrede, que no creo, creo que simplemente no tenías nada para ofrecer y el universo te mantuvo alejado de mí. Te tentó con otros placeres y pecados. Y fuiste débil, elegiste mal. Pero ahora te das cuenta. 

Te das cuenta, de que nunca me vas a olvidar. 

Y yo mientras tanto, acá estoy, escribiendo mis páginas matutinas. Recorriendo mi camino, el que sé que es absolutamente mío, porque lo voy creando a cada paso que doy. Nadie lo ha recorrido antes, no sigo el camino de nadie. Avanzo con valentía, confiando en que es para mi mayor bien. La vida ya no me tienta con placeres ni pecados. Me mantiene a salvo. Me cuida. Sabe que soy valiosa. Que devuelvo. Que he integrado el dar y recibir. Que cuido y nutro a quienes buscan en mí su salvación. 

Hubo una época en que pensaba que él y yo éramos como Sartre y Simone. Todo el tiempo escribiéndonos. Era mi musa. Las ideas brotaban de mi mente sin buscarlas. Como si Dios hablara a través mío. 

No sé quién lo cortó. Ni porqué. 

Pero sé que muy en el fondo, sentí que fue mi culpa, que hice todo mal. Que no merecí su cuidado, su cariño, su amor. 

Quiero perdonarlo por hacerme sentir eso. Por no saber demostrarme que yo fui todo para él. Que no sabe sacarme de su mente, así como yo no sé sacarlo de la mía, y sin embargo, no saber estar a la altura de este amor. 

Quiero perdonarlo, liberarlo. Decirle que no me debe nada. Que no nos debemos nada. Que me dio el amor que tenía, como podía. Y que yo lo supe recibir. Y fui feliz. Y disfruté de cada segundo hasta que nos distanciamos. Y que ahora es libre. Y puede hacer con su vida, con su mente y con sus recuerdos lo que desee. Incluso aparecer en mis pensamientos, a la mañana y a la noche. Como si esto fuera un hotel. Porque lo perdono. Y ya no me duele su presencia. Me alegra. Como cuando un guachito te dice Qué hacés perdida. Y te cagás de risa. Porque es un boludo. 

Comentarios

Entradas populares