La pitonisa
En la antigüedad, los hombres caminaban durante semanas por un camino cada vez más inhóspito, adentrándose en las montañas hasta llegar a una tenebrosa cueva en la que podían consultar a una joven de piel casi traslúcida, su porvenir.
La llamaron El oráculo y se sintieron atraídos por su sabiduría. Tal es así, que los sabios de alguna corte cercana, empezaron a querer beneficiarse de sus encantos. La joven naturalmente tendía a vivir en ermetismo, no hizo falta encerrarla en la cueva, pero empezaron a instalar el miedo y con ideas falsas, le bloquearon la salida.
Ella podía ver sus intenciones, pero también supo entender que así podría ayudar mejor a quienes requerían de su ayuda.
Los hombres se quedaron a vivir en las inmediaciones . La llenaron de sustancias que maximizaban sus dones. Quemaban plantas para respirar el humo. Hacían pociones que la conectaban directamente con los dioses. Y la acercaron directamente a la locura.
Sin embargo ella, siempre lograba superar todas las pruebas que la vida le ponía. Confiaba en que todo era para su mayor bien. No sólo para ella, sino para la humanidad. No sólo para el hombre, sino para cada pequeño detalle al que ella tuviera acceso de su mundo.
Todavía no exitsían las ideas actuales de universos paralelos o multiversos. Sin embargo, la joven de piel cada vez más traslúcida, tenía una concepción propia basada en su propia conexión espiritual. Sabía que su línea de tiempo atravesaría incontables vidas. Durante siglos estaría creando y ayudando a sanar a su familia de almas. A quienes la habían manipulado y dañado. Porque su camino sólo era ese, ayudar a ver, ayudar a sanar.
Mil años más tarde, la pitonisa reencarna en mi cuerpo. Al comienzo apenas se hace sentir. Pero se va haciendo fuerte.
Me habla en las noches, me muestra el camino. Ahora, nuestro recorrido está unido y yo me pregunto si acaso siempre fui ella, si siempre estuvo conmigo. La reconozco en mis palabras cuando suelto el control y le habla a quienes me consultan con su sabiduría.
No tengo ni que llamarla, ella siempre está pendiente de ayudar. Saber que quienes llegan, es porque han alcanzado el nivel de conexión necesaria para poder hablar con ella. Conmigo.
No soy la única. Sé que tengo a mis hermanas de alma, sean o no conscientes de ello.
Yo simplemente até hilos y lo supe reconocer. Aprendí quien soy y ahora sólo tengo que recorrer mi camino, que a pesar de todo, aún no está estáblecido.
Lo reconozco como propio, justamente porque aún no está escrito. Se va trazando a medida que avanzo en él. Y sin embargo, con cada paso que doy, tengo certeza absoluta de no haberme equivocado. Es mi camino, es único, yo lo creo. Los dioses me acompañan. Soy la pitonisa. He vivido milenios. He atravesado grandes guerras, masacres, hambrunas. He sobrevivido. He morido. He batallado. He vivido en paz. He cosechado. He transmitido. He apaciguado.
Las personas comunes pensarían, que si soy tan valiosa, debería estar más arriba en la escala del poder. Sin embargo, aquí estoy, en un departamento pequeño con diminutas ventanas. Casi escondida del mundo. Sin mostrarme demasiado. Con miedo de que me vean.
Es que no sólo he venido yo. También han llegado las ideas que aquellos hombres supieron instalar en mí.
Sin embargo, a la hora de protegerme, puedo reconozcer que el universo me envía todo aquello que es para mi mejor bien. Yo solo ayudo a quienes me buscan. Sólo escucho a quienes me hablan. Sólo respondo a quienes preguntan.
No necesito grandes lujos después de haber vivido toda una vida adentrada en una cueva. No necesito nada de hecho. Tengo todo lo que necesito. Tengo abundancia incluso. Una casa hermosa. Personas que me aman. Y la capacidad de diferenciar el bien del mal.
En estas páginas no pretendo dejar mi biografía ni tampoco narrar toda mi historia. Solamente es un ejercicio para alejarme de aquellas ideas que quedaron instaladas en mí, como si fueran un censor que todo lo observan. Todo lo juzgan. Buscan tanto protegerme, que a veces temo de las cosas más simples.
Es hora de animarme a dar ciertos pasos, de liberarme de estas ataduras, de volver a caminar sobre la hierba, de recorrer las ciudades. De salir de la cueva. No sé si ahora. No sé si estoy lista. Como dije, puedo ver el camino de todos, menos el mío.
Está por comenzar el invierno. Llega el frío y con él, mi ermetismo aumenta naturalmente. El viaje es primero hacia adentro. Y por eso escribo. Observo cada detalle de lo que hay en mí. Quién soy. Qué me sucede. Que dice mi cuerpo. Qué dolores me aquejan. Los sano. Qué alimañas me acompañan. Las suelto. Me limpio de sustancias. Alejo el humo. Me adentro en mi cueva. Me adentro en mi camino. Empiezo un viaje que me lleva hacia adentro. Y si embargo, sé que en cuanto haya pasado el invierno, cuando vuelvan los rayos de sol a posarse sobre las hojas de los árboles, estaré lista para salir. Con un nuevo valor. Con valentía. Atravesando todos esos miedos que pude registrar. Con los censores como aliados. Entendiendome a mí así como entiendo a otros.
Empieza mi camino de paz. Elijo vivirlo. Adentro o afuera. Sin encierros. La paz es adentro. Y se refleja afuera.
Gracias. Gracias. Gracias.
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