La vida te lleva por caminos raros
Hoy me tomo mi primer café con leche en mi nueva casa. Me acabo de mudar así que primero no tenía heladera, después no tenía taza y ahora, hace unos días me compré la leche de almendra sin azucar que me gusta. Porque la leche común me da puajjj. No me gusta.
Mi taza tiene lunares y es hermosa. Y además era una de las más baratas que había. Cosa que me da orgullo, porque no me gusta gastar fortuna en boludeces. Sï en cosas que valen la pena. Como una computadora buena o unas zapatillas de las que no me lastiman los pies. Pero la taza se me va a terminar cayendo porque soy re catrasca y siempre rompo todo.
Igual era la más barata, pero tiene lunares. O sea, creo que también es la más hermosa.
Fue gracioso cómo terminé comprando una taza, porque en realidad, no es para nada una prioridad. Prioridad en este momento es pagar la tarjeta de crédito. Para que mi queridísimo Santander no me catalogue de insolvente y deje de confiar en mí.
Antes tenía un sugar daddy que me compraba todo.
Bueno, en realidad no era un sugar daddy. Yo le digo mi ex marido. Pero también se lo digo a modo de chiste porque nunca nos casamos. Ni tampoco fuimos de esas parejas que viven 20 años juntas aunque no se casan.
No. Nosotros íbamos y veníamos y la verdad que el susodicho me sacaba de quicio bastante seguido. Entonces yo agarraba mis cositas, me armaba mi mochilita y me iba de donde sea que estábamos juntos. Porque no lo quería ver ni en figurita.
Incluso ahora que veo su forma de ser con más conciencia, me doy cuenta que cuando se aburre, tiene como estos microgestos de querer molestarme para divertirse.
La cosa es así. Lo voy a contar ordenado porque sino no se entiende nada.
Resulta que el susodicho se cree inmune a todo. En 2020 cuando fue la pandemia, él era de los que pensaba que a él nunca le iba a agarrar Covi. No decía que no existía, sólo que a él no le iba a agarrar. Entonces por esa época nos ayudó mucho a toda mi familia y a nuestro entorno. Porque el salía con el auto como si fuera el llanero solitario y le llevaba comida a todos los que no podían salir de su casa porque eran pacientes de riesgo o esas cosas.
Porque bueno, el susodicho, no es que sea mala persona. Es de Piscis. No es un enviado del mal. A veces no sé, es competitivo, o siente envidia. Con el resto de las personas es hasta magnánimo. Por ejemplo, el otro día, el día de la taza en cuestión, nos teníamos que cruzar con un colega de él que está pintando su casa. Y hete aquí que mi ex marido, le recomienda que no compre en efectivo la pintura. Que use la tarjeta de crédito. Porque bueno, el susodicho sabe mucho de números y de billetes, entonces dice que este es un buen momento para endeudarse con la tarjeta de crédito, porque las tazas están bajísimas.
Y no sólo le recomienda esto, sino que le ofrece su tarjeta, le insiste y hasta le implora que la use.
Yo, desde el asiento del acompañante, lo observaba. Porque desde hace varios meses que se viene quejando de que anda con poco trabajo. Y si bien siempre llega a pagar todo, se nota que le está costando.
Yo particularmente pienso que es un tema de carencia. Como cuando tenés la creencia de que no llegás pero en realidad sí llegás. Y hasta que no llegás, estás muerto de ansiedad. Y, de hecho, me llama la atención, porque a mí, el que más me enseñó a entender que el dinero va y viene, que cambia de valor, pero en realidad vale lo mismo, y, sobre todo, que tenés que invertir para que el dinero vuelva, fue el susodicho.
Obvio, todavía soy principiante en estos temas. Me sale cuando hablamos de 4 pesos con 50, pero aumentás la cantidad y simplemente me bloqueo. También es otro tema de carencia. El mío tiene que ver con que siempre fui pobra y me acostumbré a vivir del aire. Y si me das mucho, como que me indigesto. Como cuando comés mucho helado, que te cagás.
Bueno, retomando. O en realidad, empíezo a contar la historia. Resulta que el domingo a la noche, al susodicho le robaron la mochila de mi hijo. Con todos los cuadernos, la cartuchera, todo. Como se cree inmune, la había dejado en la caja de la camioneta y alguien que pasó, la agarró.
Me llama pensando que yo iba a entrar en crisis y le iba a desear las 7 plagas de Egipto, pero yo ando muy relajada así que apenas le marqué un par de cositas. A él se le ocurre que vaya en ese momento, domingo a la noche a su casa, a armar una mochila provisoria para el día siguiente.
Porque bueno, esto es parte de otra historia que no voy a contar ahora, pero por algunas vueltas de la vida, mi hijo adoptó como papá al sugar daddy. Qué sé yo. La vida te lleva por caminos raros. Así que algunos días de la semana se queda a dormir con él. Y el domingo le tocaba.
La realidad, es que en otro momoento de mi vida, yo hubiese ido hasta su casa, aunque sea para entrar en crisis. Porque a veces el susodicho se ahoga tanto en un vaso de agua, que yo, que soy una esponja emocional, termino entrando en crisis por él.
Pero esta vez estaba muy pachorra en mi casa nueva, tirada en mi colchón nuevo y tapada con mi acolchado nuevo, que es de peluchito y tan suavecito como los conejitos que me aparecen en TikTok. Todo gracias a Santander, obviamente, porque a todo esto, yo todavía no pagué ni la primer cuota de todo. Y la verdad que podría haber estado super en crisis y culpógena por haber gastado en cosas caras como un colchón y un acolchado lindo, sino fuera porque, además de ser domingo, me estaba amigando con mi novio, que me había cortado una semana antes y después volvió arrepentido, creo que el día jueves. Y para el domingo a la tarde, ya me había dicho que íbamos a estar bien, y que mis problemas económicos no son sólo míos, sino nuestros y que los íbamos a afrontar juntos.
Entonces, imaginate, yo estaba en la panacea del romanticismo delulu, no había forma de que me pare de la posición horizontal en la que me encontraba a centímetros del suelo. Porque encima me compré colchón, pero no la cama, porque sino iba a gastar el doble. ¿Y todo para qué? ¿Para ir a la casa del susodicho a revolver entre sus cosas a ver si encontraba una plasticola?
Dejate de joder. Llámenme mala madre. Pero el domingo hasta Dios descansa. Le dije que yo podía ir el día siguiente a comprar las cosas y que el me pase el dinero. Pero al día siguiente, en vez de hacer eso, me dice que vayamos juntos. Quería que busquemos precio. Y yo le dije que yo no era la persona correcta para hacer eso. Que si quería ir a buscar precio, yo sólo lo iba a retrasar, porque es cierto, yo voy, me fijo si algo me gusta, me enamoro de la cosita que sea y si tengo la plata, me la compro. Y sino le deseo lo mejor y me alejo, como cuando dejás a tu novio del secundario porque sabés que le espera algo mejor y que tiene toda una vida por delante.
Cuestión que le digo: "Si vamos, vamos a pasar un buen momento, compramos las cosas y listo".
Me pasa a buscar. Ahí me lleva hasta lo del muchacho que conté antes, le ofrece la tarjeta, mientras yo, con cara de poker pensaba para mis adentros que o se había vuelto loco, o tenía la doble vara demasiado marcada.
Porque el problema no es que sea rata conmigo. El problema, es que es rata con él. Porque a él se hace todas estas cosas primero y terminan impactando en mí vaya uno a saber porqué.
Entonces me lleva a una librería mayorista y se quejaba a cada rato por lo caro que estaba todo. Y que se yo, se habrá ahorrado 5 mil pesos, ponele. Después tuvimos que ir a la que estaba a la vuelta de la escuela porque en el mayorista no vendían cuadernos lila. Y la maestra había pedido cuaderno lila. Así que bueno, obviamente, terminamos perdiendo horas dando mil vueltas para hacer dos boludeces.
Es gracioso porque que me enseñó que mi tiempo es el recurso más caro del que dispongo, también fue él. Pero bueno, supongo que se habrá olvidado.
La historia sigue, pero ahora me tengo que poner con otro proyecto. Tengo una reunión. Además, esto no es un cuento, sino las páginas matutinas que vengo escribiendo todos los días. Capaz algún día lo transformo en un cuento. Aunque si lo leés así y te gusta, te podrás imaginar que esta es la historia de nunca acabar. Porque los susodichos no cambian de un día para el otro. Y les encanta chocarse 20 veces contra la misma piedra.
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