Las palabras matutinas

Me volví a separar porque las nauseas no me dejaban ya vivir. Estar a la espera de un otro, correrme de mi eje, ya no es una opción para mi. 

Me cuesta conectar con las palabras porque durante todo este tiempo aprendí a callarlas. Descubrí que si me silencio puedo obtener muchas cosas, puedo ser estratégica y alcanzar un cierto nivel de abundancia. Que no dejan de ser cosas materiales. Pero este último tiempo, realmente necesitaba descansar, sentir que había alguien que me cuidaba. Quiero decoir, alguien de carne y hueso, porque ya sé que el universo siempre me cuida. Ya lo aprendí y no me permito olvidarlo. Aunque mi psiquiatra anterior, ese viejo nefasto y desagradable, haya hablado de brote psicótico incluso con mis allegados, exponiéndome sin filtro frente a otros a los que ni conoce y sin saber qué clase de vínculo tengo.

Por suerte en este caso, la persona en cuestión me puede acompañar más cuando sufro porque ella misma está en ese lugar de sufrimiento y carencia. Me duele, pero cuando quise empujarla a dar pasos, la resistencia que sentí de su parte fue enorme. 

Eso muchas veces me frena. Es una de las personas a las que más quiero en el mundo. Y sé que a medida que empiece a dar estos pasos, se va a resentir. Como dije, siento que le molesta cuando me va bien. 

A mi en ocasiones me ha pasado que me molestó que le vaya bien. No sé si tiene que ver con que somos hermanas y competimos desde siempre. Creo que más bien, se trata de que me alejo de mi propia creatividad. 

Al alejarme de mi ser creativo, envidio a quienes sí conectan con ese ser. Porque sé que no hay nada más emocionante que estar delulu. 

Y sin embargo siento tanto miedo cada vez que estoy por dar un paso. Siento que me voy a quedar sola y que todos mis vínculos van a pasar a ser superficiales, desde una máscara que no voy a poder sostener. Y que cuando esa máscara caiga, todos se van a reir de mí. Y voy a sentirme expuesta y casi desnuda enfrente de un universo que se burla de mí. 

No sé de dónde saqué esa idea. Me hace acordar a mi hijo, que siendo chiquito, tiene el mismo miedo en la escuela. Que se rían de él. Yo sé que algunos compañeros se han reído. ¿Se habrán reído de mí alguna vez? ¿Habrá sido tan terrible? Es la vergüenza supongo. Me siento expuesta cuando muestro cualquier parte de mí. Y sin embargo, nadie se asquea cuando me ve. Soy bella y siempre lo fui. Lo sé cuando me miro al espejo. Lo olvido en cuanto me alejo. Apenas puedo recordarlo durante uno o dos pasos. 

Sin embargo, hoy más temprano, hace unos minutos, me di cuenta que mis nauseas son eso mismo que no muestro. No necesito ni siquiera hablar. No necesito ni siquiera que me escuchen. Basta con escribir estas mismas palabras. Necesitaba escribir mi verdad. Que salga algo. Y si alguien le sirve lo que escribo y llega a leer estas letras en el universo recóndito de Internet; bienvenido sea. 

Después de separarme, mi ex volvió a escribirme. Le agradecí que haya venido a mi casa, se haya sentado en mi mesa y me haya dicho que prefería que la relación termine. Hoy en día, año 2025, que no te ghosteen ya es un símbolo de madurez emocional y de responsabilidad afectiva muy grande. 

Entonces volvió a escribirme diciéndome que se arrepentía y pidiéndome perdón dramáticamente por confundirme. 

Le dije que no podía estar más alejado de la realidad, no me confunde. Cuando estoy en mi eje, sus vueltas no me confunden. Cuando soy el centro de mi universo, sus vueltas no me confunden, porque giran alrededor mío. 

Cuando salgo de mi eje, la ansiedad es insoportable. El dolor en la panza. El desagrado que me inspira su falta de certeza, su incongruencia, sus mentiras. 

Soy una mujer estoica, lo reconozco, no me conformo con cualquier cosa. Soy difícil de acompañar, porque constanstemente la vida te va a poner a prueba para ver si realmente estás a la altura de todo el amor que tengo para dar. 

Y porque lo único que quiero es el más puro y absoluto amor. Que es exactamente lo que doy. Es lo que doy cuando me pongo una máscara para que me desees y me quieras en tu mesita de luz. Calladita, donde nadie me vea. 

O al revés, encima de una tarima, donde todos puedan ver qué hermosa que soy y envidiarte por haber conseguido a una mujer tan hermosa. 

Hablo de distintos hombres, obviamente, cada uno quiere lo que quiere. Pero todos comparten esta característica de aburrirse y hacerme sentir un juguete usado.

Activa heridas muy tempranas, como cualquiera que lea estas páginas desde el comienzo, allá por el años 2019, puede ver. 

Sané mucho. Ahora amo mis heridas, las veo y las cuido. Les hago una sopita cuando duelen más, le doy medicina cuando las necesitan. Voy al médico en caso de necesitar que un otro me cuide. 

Mis heridas me mueven. Mis heridas me nutren y me cuidan en caso de que lo necesite. El universo me cuida a través de mis heridas. Son mis mecanismos de defensa. Mis heridas son las herramientas que la vida me dio para protegerme de las malas intenciones y de los malintencionados. 

Están muy despiertas, sepan en entender. Me cuidan muy bien. Y por eso me da tienen de alguna manera ermitaña en este espacio sagrado. Y por eso temen por mi bienestar si vuelvo a salir al mundo. Saben que quienes más me van a lastimar son seres de mi pasado, de mi historia personal, que no han dado ese salto de fé que yo estoy dando ahora y que me van a resentir por lograrlo. 

Y sin embargo tengo que hacerlo. Necesito devolverle a la vida algo de todo lo que me ha dado. 

Y necesito sacarme estas nauseas. 


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